domingo, 9 de marzo de 2008

Desde el nacimiento de Eos…


Su nacimiento fue luminoso, lleno de luz. Al nacer; una luz fuerte cubrió la sala, tuvimos que cerrar los ojos para que no nos cegara, naciste atrayente y percibida no habían par de ojos que no te vieran. Llegaste con la mañana y nos regalaste cascadas de luz que desbordan por tus ojos. Eos y tú tienen tanto en común (espero que en cuestión de amores seas más decorosa) llevan la luz a cuestas en el rostro, en la sonrisa.

Hace tres años la víspera de la primavera me trajo una alegría. Diferente, distante, alegre, coqueta, atractiva, llamativa, hermosa, inteligente, simpática, hábil, hablantina, pensativa, activa, comilona, tiene una mirada intensa, unos labios deliciosos, canta como sirena y se mueve como una bailarina en el escenario.

Su llegada fue distinta y ella individual, desde hace tres años hasta hoy nos hemos acostumbrado a ella, mi abuelo la admira cada que la ve, predice que será hermosa y además admira sus ojos expresivos y transparentes, mi padre no puede dejar de abrazarla, mi madre la peina con ternura, mis hermanos la avientan y ponen de cabeza cada que la ven, hiram y yo, hemos crecido con ella, “dese uno beso”, nos impone a su antojo.

Miranda, nos ha enseñado a escucharla, entenderla y a compartir su alegría. Si has estado a su lado seguro te ha robado una sonrisa. Sus triunfos los guarda para sorprender al más apático, puede comerte a besos y en un instante decide no darte uno más, puede pedirte que te metas a su casita de juguete y obligarte a hacerte pequeño como ella, te puede despertar de buen humor con un beso o un chiste y comparte contigo su sabiduría sin reparar un momento en guardársela para después, la obstinación la hace perder sus formas pero las recupera fácilmente con una sonrisa.

Sus frases:
“lila”, “Cacos”, “piteto mamos po aquí”, “ponele a co kid”, “e guta e colo chocha”, “etoy opupada”, “ponemelo aquí”, “queco coca”, “estoy pucho peciosa”, “mi capello e pucho lindo”, “e guta lalolos”, “soy una maaina”, “a foles e hace elulular”, “mamá tu ere la buja yo a pichecha y papá e pichipe achul ¡tú atapame!, ¡Pichipe achul ayuya!”, y el príncipe azul la rescata de los brazos asfixiantes de la bruja que no quiere nada, sólo su felicidad.


Ileana Cepeda

jueves, 21 de febrero de 2008

Canción de cuna

El eclipse lunar me hace recordar tu mágica llegada, la luna enorme con colores fantásticos me llevan a la sala donde te conocí, llegaste y tras de ti estaba ella esperándote, “quería llevarte” –vengo por él, lo esperamos mucho tiempo y lo llevaremos ahora. Te escondí de inmediato y desde entonces vives en mi anonimato, escondido en otros nombres y expectante a su regreso. Ayer mientras veíamos la luna llena, dormías entre mis brazos y sonreías atento a tu día. Ayer preguntaste si nunca nos separaríamos y no supe responder, algún día llegará la chacala mujer-perro que estaba en tu nacimiento y querrá llevarte a reinar su trono a cumplir tus compromisos y entonces no tendré más que soltar los brazos y abandonar ese cuerpo que creció tantas veces dentro de mi. Gracias por nacer de mí. Te amo

domingo, 10 de febrero de 2008

las olas rompen en tu pecho doliente, las muecas escapan de tu rostro, la vergüenza y el decoro las maquillan, el dolor asoma por tus ojos.

domingo, 3 de febrero de 2008

Cinco días de reposo.

Mi voz no me acompaña en este texto, acostumbro leerme en voz alta y ahora no lo puedo hacer pues ha desaparecido, dice un gnomo que tenemos en casa que se ha ido al agujero negro a donde se van las cosas que se pierden y nunca más las encuentras, como las llaves, el otro par del calcetín, las cucharas y los cortauñas, de pronto un día no los vuelves a ver pero están ahí en el agujero negro de los gnomos. Una hada madrina con risa de bruja, dice que la malvada bruja mayor me la ha robado y que le dará un buen regalo ya que mi voz es muy fastidiosa y a veces no para de emitir chillidos. La princesa me dice que tengo una infección en la garganta, que tengo que ir al médico e inyectarme y entonces me pondré mucho mejor.
No he buscado mi voz, no he metido la mano al agujero negro, no he peleado con la bruja mayor para recuperarla, ni he ido al médico y lo de las inyecciones lo considero imposible. No estoy segura de querer recuperarla. Mi voz es media, es decir ni grave ni aguda, bueno es media aguda o media fastidiosa o fastidiosa entera, eso me dijeron cuando estaba en secundaria e hice una audición para entrar al coro. Nos llamaron a las chicas del salón, nos formaron en línea y nos pusieron a cantar “cielito lindo”, la maestra pasaba al frente de la línea deteniéndose y moviéndonos como piezas de ajedrez y entonces me colocó en la fila de la voz media, ahí supe que mi voz era media, después volvimos a cantar. Estaba realmente inspirada creo que hasta cerraba los ojos cuando cantaba “ese lunar que tienes cielito lindo junto a la boca…”, entonces la maestra volvió a pasar junto a las filas y se detuvo un momento junto a mi, puso cara de espanto me tomo del hombro y me dijo –vete a tu salón… ¡pero ya!- , salí con cara apenada y sin ganas de llegar al salón, me senté en las escaleras esperando que saliera una compañera más, mientras esperaba pensaba en la posibilidad que mi voz cambiara algún día como la de los varones, esperanza que sigo esperando. Hoy que mi voz esta perdida espero que regrese a mi con otro color, otra tesitura, diferente por el bien de los que me escuchan.

domingo, 20 de enero de 2008

Las Tías Treviño

Llega temprano la tía Petra y comienza la letanía de los chismes familiares, antes de que lleguen las demás y puedan escuchar lo que no deben, -ay ya ves que esa Nena es tan chismosa Mindita, que no se puede hablar nada en frente della.
Las tías Treviño tienen las formas de Pesquería, caderas anchas, pompas abultadas, labios pequeños, y al chismear, usan un caló muy especial, alargan la última sílaba de las palabras y la sostienen interminablemente como si quisieran que la conversación permaneciera estática, inmóvil y sin tiempo. A las tías Treviño, no les preocupa el tiempo, pueden tardarse horas hablando y siempre se les hace tarde, así como siempre llegan tarde, la única tempranera es la Tía Petra. Ella a diferencia de todas, siempre a tiempo, bañada y estrenando.
-Pos sí, pos te la pasas pegada en la máquina cosiendo, pero así has de ver dejao el piso lleno de hilachas- le dice la tía Leto que va llegando apresurada y con ollas de comida, -pa que hacías tantos tamales si nomás somos nosotras-, -pos pa que no digas que soy bien pichicata. La tía Leto llega con la tía nena, así que se acaba de cebar el último chisme de la tía petra. La tía Petra quedó viuda cuando tenía veinticinco años, dicen que el marido antes de morir le advirtió que no debía ser tocada por otro hombre, de lo contrario vendría del más allá a llevársela y torturarla. Así que después de su muerte, se encerró con sus tres hijos en la casa y no salía ni a los mandados, cuando tenía necesidad de salir, se tapaba completamente y sólo se le veían los ojos. Dicen que era hermosa, pero tenía tanto miedo de su hermosura que prefirió esconderla, a estar tentando a los hombres a mirarla y como enseguida de su casa había una cantina siempre había una mirada libidinosa esperándola. Conforme pasaba el tiempo, su cuerpo fue transformándose hasta que no quedaron ya vestigios de la belleza olvidada y pudo entonces exhibir su vejez y su fealdad. Tuvo dos hijas y un hijo.
Carmela, su hija mayor se casó con Juvenal y tuvo cinco hijas, todo estaba bien hasta que Juvenal se enamoró de una mujer más joven y la dejó, mi tía Carmela me caía bien, pero después de que la dejó Juvenal se transformó y de un día para otro no paró de hablar, era tan fastidioso estar con ella, porque nunca se callaba. Tengo tiempo que no la veo pero dicen que vive sola con su perico, que como puede se tapa los oídos para no escucharla; es más si pasas por su casa puedes ver las palabras saliendo por la ventana de la casa de la tía Carmela, escapando porque ya no caben más.
Panchita es la otra hija, ella se enamoró de su primo, se iban juntos y dicen que se amaban en el río, en la azotea, en el patio, hasta que un día los cacharon en la sala de la casa de la tía Petra y decidieron separarlos por aquello de los hijos malos y todo eso. Desde entonces no se vieron, hasta hace unos días que la esposa del primo murió y la tía Panchita se presentó en el velorio y con ramo de flores y ...
Tito, es el único hijo de la tía Petra, dicen que es joto, hace poco lo dejó la esposa. Ella
andaba haciendo ventas a domicilio y se encontró a su ex novio en una de las casas que tocó, se citaron, se contaron sus penas y decidieron escapar juntos. Así un día se escaparon, rentaron una casa y dicen los vecinos que tienen que dormir en la azotea, por miedo a que en la noche entren los respectivos esposos a molestarlos.
La tía Petra, estira a mi mamá para el patio y le murmura, -viste a Leto lo que me dijo nomás llegando, “...pa que no andes diciendo...”, ahí Leto es tan repuniosa que arranca el pedazo nomás de oirla-.
La tía leto…

viernes, 11 de enero de 2008

Días de enero

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Las aceras de la ciudad se cubren del mar inexistente, lo beben sedientas; en esta ciudad donde abunda el gris, donde no hay tierra fresca en la cual esconder el hueso para mañana, es difícil predecir. Será el primer año que haga un propósito, no esta resuelto, no esta terminado se construirá en meses quizá uno, quizá doce, lo esperaré con la esperanza que levita, se esfuma y se pierde en el humo de la gran ciudad que asfixia y duele, esperaré el futuro con la esperanza del perro que rasca la dureza de la acera esperando encontrar la tierra que perdió, donde encontrará su espacio, donde encontrará la esperanza.

¿La esperanza de Enero?

Enero, es el momento de las promesas; los recuentos pasaron en diciembre hoy, revisaremos los errores, nos prometeremos nuevos proyectos. Tal vez los registremos para no olvidar, tal vez llenemos la agenda augurando cumplir uno al mes; no sé, pero creo en la improvisación del destino, en la emoción del presente, en la tentación del ahora y del nunca.

Feliz Año ánimo.


Ileana Cepeda

domingo, 7 de octubre de 2007

ana y armando

-¡Vamos, por este lado todos, unidos!– Se escuchaban los gritos de un joven, del que su baja estatura dejaba ver apenas su pelo erizado; su voz sonaba con tanta fuerza que podían escucharlo a metros los muchachos que marcharían ese día. Ana y Armando estaban juntos como hace ya unas semanas, su relación se había fortalecido entre las estrategias y las organizaciones estudiantiles entre mítines y gritos. Apoyaban la lucha y ese día habían decidido marchar por su credo.Minuto a minuto llegan más y más jóvenes que se unen a la marcha. Armando toma la mano de Ana y la aprieta fuerte enviándole una invitación que sólo Ana entiende, caminan sin hablar, se miran ocasionalmente. Ana camina y sabe que va trazando un camino de silencios entre el barullo de la multitud. Armando la acompaña con miradas furtivas que queman, ella voltea lentamente y acaricia su brazo, Armando responde las caricias con sonrisas. Él la mira y alza las cejas pidiéndole le permita alzar su falda, Ana responde sí; con una sonrisa tímida, salen de la contingencia dejando a sus amigos que gritan apasionados por sus ideales. Armando jala a su novia y entran a un hotel que esta en la calle donde marchan pandillas de jóvenes a quienes no les importa que se retiren dos a seguir con una pasión alterna; al fin es pasión.Ella entra corriendo, él pide las llaves de la habitación y la alcanza, entran, cierran la puerta y las ventanas. Una habitación clausurada permite la libertad de dos cuerpos que se aman. Armando la abraza con fuerza, la sujeta, sellando su cuerpo, eternizando el momento. Afuera, un soldado del ejército sostiene un arma; la abraza y acaricia el gatillo esperando una señal, un momento climático para alzar el fuego y estallar el ardor. La señal esta cerca, la orden la da Ana. Ya es tiempo, el ejército prende el fuego y las balas penetran los cuerpos. Armando se siente consumado. En la plaza, los estudiantes se agachan para cubrirse dejando su espalda como blanco del ataque; hay silencios y gemidos de dolor y pasión, la plaza y las sábanas se manchan de carmesí: el color de la pasión. Después viene la zozobra, la tranquilidad, la angustia, la paz y la culpa, ana y armando alcanzan la marcha, una marcha muerta, caminan entre la sangre que se fusiona con las lágrimas; forman el dolor.