El mes rojo.
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El motel está lleno, la mesa también, el cine no tiene butacas, no hay bancas en la plaza, no hay espacios y tú y yo recorremos las calles de ayer camino a la infancia.
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El mes rosa
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Alegría amarilla. Recuentas los dientes, los espacios y las canciones. Las añoranzas, los momentos y las risas. Ahora nos buscamos las voces y encontramos silencios, ensordecedores ausencias y lamentos de ayer.
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El mes romántico.
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Las flores que me gustan se llaman bugambilias y las flores del crespón. Las serenatas con canciones de desamor. Los chocolates más grandes, sin formas de corazón y sin vinos ni bombones. Los amigos sin regalos. Los crímenes de Max Aub. Las historias de malqueridas. Las rosas en los rosales, los dulces en las dulcerías, los regalos con sus mujeres, las corbatas con sus hombres, los poemas al teléfono, y tu aliento en mi cabeza.
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El mes de febrero
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La tradición obliga a amar más, el mes nos revienta las hormonas y seduce con la cadencia de su nombre, el hecho de pronunciarlo murmura sentimiento. Las serenatas resuenan, las flores abundan, los chocolates se derriten en las bocas y la entrepierna de los enamorados. El mes dejar ver que el amor existe a pesar de la pasión, nos muestra que el amor no condiciona, que el amor no se compra. La espera ha terminado, y todo vuelve a su lugar, cada uno en su espacio.
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Ileana Cepeda