sábado, 9 de mayo de 2009

Mamá

-Estas son las mañanitas que cantaba… felicidades mamá, de regalo te traigo estos dos cuentos para que escojas cuál me vas a contar para dormir ..
-Gracias Miranda, éste (elijo mi favorito) ..
-no mamá, ese no, mejor éste. Verdad que sí te gusta . .
- sí Miranda.
Y la primera media hora del día de las madres le leo a mi hija un cuento de piratas, los otros dos duermen. Gracias hijos por regalarme sus voces y su espíritu que día a día me hace vivir. Por reconocer en su mirada la belleza y la sabiduría de un tiempo y un espacio en el cual compartimos agradables momentos. Gracias por hacerme madre, por el amor incondicional y por crecer en mí.
.
Monstros los amo, .

lunes, 27 de abril de 2009

TANGO

El tango es la danza de la carne, del deseo, de los cuerpos entrelazados. Es un diálogo nuevo, la seducción hecha movimiento, el ir y venir, encuentro de dos mundos. Es un baile exhibicionista, estéticamente bello, y ronda sin temores el universo de lo lúdico. La pareja de baile roza sus zapatos entre sensuales caricias mientras el atónito espectador ocasional, eterno voyeur, se fascina y deslumbra con el ardor del tácito romance entre los bailarines de turno.
(Anónimo)

jueves, 16 de abril de 2009

viernes, 27 de marzo de 2009

Primavera y muerte

Ayer fui a tu tumba, a ese pedazo de tierra que cubre tu cuerpo inmóvil, que escondió tu voz y tu sonrisa. Nunca has tenido una placa, ni un mausoleo, solo un puño de tierra y en lo que fuera tu cabeza una cruz de varillas con la inscripción de tu nombre que el tiempo ha ido borrando. Sigues siendo el muerto más hermoso del panteón y en tu humilde tumba renace la maleza de la primavera sin ti.

viernes, 20 de marzo de 2009

Ausencia

Entre las letras de mis lecturas, te escondes y te asomas sales cada vez que pienso pienso-pienso…
…………………………………

Te llevaste mi beso. Sin huellas, sin marcas me han quedado los labios gastados, se ha ido el carmín ¿cuándo volverá?
Ileana Cepeda

lunes, 16 de marzo de 2009

Un día de domingo

Me ha despertado el grito del voceador

- viene la mujer que agarraron por ratera

- es de aquí de la colonia madero

- usted la conoce

- es su vecina

Volteo a la ventana y veo que el día se ha iluminado, más tenue que de costumbre por lo que deduzco "otra vez no habrá sol". Dice mi abuela que no hay sábado sin sol ni domingo… (no recuerdo el final o bien me han completado la frase de tantas formas que tengo varios finales y me siento indecisa para elegir) ayer sábado el sol se asomó mientras me acomodaba en una foto para mejorar la iluminación, intuí entonces cuando el sol nos dio a la cara que las señales pueden ser favorables, mi cara de enojo cambió por la aceptación de la caricia del astro. Si ayer hubo un minuto de sol, esperaré al borracho fuera de mi puerta o al filo de la calle mientras corro para alcanzar al voceador con la picante noticia que acaba de dar, comienzo a hilar varios nombres de todas las mujeres que me pudiera encontrar y entre ellas "La Adriana", es la que espero que aparezca.

La mujer del cigarro en la boca, las muletas, bicicleta, cabello corto, pantalones de mezclilla, bajita, con mirada lúbrica y sonrisa de lado. Una ficha la nombran en mi cuadra –pero eso sí, es muy respetuosa- dice la señora de la esquina, su historia es la de cualquier mujer que habita en un barrio como mi colonia, su historia la puedes encontrar en cada bebé y en cada anciana.

Ella era la mujer que estaba destinada a la promiscuidad, vivía en una casa de un cuarto donde los cuerpos de hermanos, padre, madre, tíos y primos se rozaban cada momento al habitar en ese hogar, temprano conoció el sexo y lo saboreó tanto que decidió que la feminidad no le quedaba, más bien le gustaba. Así se cortó el pelo, y para la secundaria ya tenía su lista de novias y pretendía cual mujer suculenta se le antojaba. Ella aspiraba el aire cuando pasaba, haciendo un sonido silbando entre dientes que chillaba a mis oídos. Me causaba temor acercarme a un metro de ella; así como a mí, intimidaba a cuánta muchacha se dejaba.

Adriana camina con los hombros echados atrás sacando el pecho, balancea los brazos de un lado a otro, levanta la cara y te mira con medio parpado cerrado. Hace unos años sufrió un accidente; vagando con un grupo de amigos, se le ocurrió cruzar las vías cuando el tren estaba parado, según su madre alguien le dijo que ya podía cruzar y cuando lo hizo el tren se movió prensándole los dos pies los cuales se desprendieron de su cuerpo de inmediato.

Durante algún tiempo anduvo en silla de ruedas, las hijas y la mamá pidieron en la colonia para completar las prótesis con las que ahora puede caminar. La puedes ver un día en silla de ruedas, otro en muletas, otro en bicicleta y otros sin ayuda, pero siempre con un dejo de autoridad, jamás la verás con la cara abatida, se le ve el sufrimiento en el cuerpo pero sus ojos no permiten que nadie sienta lastima por ella.

Dejó de intimidarme hace tiempo, ahora solo se limita a saludarme. No grita frente a mi casa, no ha robado los espejos de mi carro, no ha entrado a mi casa, como dice mi vecina ha sido muy respetuosa.

Abro el periódico y no es ella, "la ratera de la madero" como gritaba el voceador no era de mi colonia, robaba en la madero pero vivía en san Bernabé y seguramente no contaba con los contactos policiales con los que cuenta "La Adriana", a ella jamás la han pescado, se dice que roba, que mata, que vende droga, pero jamás se le ha comprobado nada. Ella, sus seguidores, su pandilla se pasean libremente por mi colonia "nuestra colonia madero".

Ileana Cepeda

jueves, 12 de marzo de 2009

Desilusión

Dónde estás hoy, Cuándo te alejas la tierra se enfría y llora. Hoy soñé que llegabas más iluminado Soñé que llamabas a tiempo Que llegabas con un obsequio Con más sonrisas Abrazándome Llegaste igual, sin abrazos, sin sonrisas, sin regalo, sin el tiempo, sin iluminar y te reclamé histérica por la desilusión.
............................................................................................. Ella soñaba que llegaría vestido en sol, traería con él los resplandecientes rayos para ella, llenaría sus manos de dulzura, sus oídos de poesía. Ella soñaba que lo encontraría despierto, atento y que él la esperaría ansioso.
Ella llegó temprano, más temprano. En el camino recogió sonrisas y las acomodó todas para él. Tomó el sol y lo instaló en su cara. El viento la peinaba; cada espacio maquillaba sus facciones, la luna de la noche anterior le dijo que estaría radiante, que endulzaría su oído y esperó y esperó y esperó.
Después de una hora, la desilusión de su ausencia la llevó a la ira y la rabia, le reclamó por no llegar, habría querido patearlo, gritarle pero un nudo en su garganta le impidió siquiera hablar. –Vete, le dijo y él se encogió de hombros y le contestó –hey se te olvidó cerrar los ojos.
Ella apretaba los ojos como para no despertar jamás, le pidió dejarla dormir era demasiado temprano para despertar. Él le estornudó en la cara, la pellizcó tres veces y la movió de un lado a otro. Ella se resistía al desencanto. Él, “el príncipe azul”, se volvía cada vez más real.